Esta expresión, actitud GFE, The Girlfriend Experience  de un tiempo a esta parte, se ha vuelto muy usada a la hora de demandar servicios de compañía.

En el 2009, Steven Soderbergh realizó un largometraje bajo ese nombre, y en la actualidad es una exitosa serie de TV, planteada en una historia cerrada de trece capítulos.

Riley Keough  interpreta a Christine Reade, una estudiante de segundo año de derecho que trabaja para una prestigiosa firma de abogados, pero que tiene una doble vida. Christine forma parte de GFEs (“The Girlfriend Experience”), una agencia de chicas de compañía que no solo ofrece sexo, sino también una relación emocional a un precio.

La serie por su calidad cinematográfica y relevante interés sociológico atrapa e incita y los medios comentan ampliamente su significancia.

Una girlfriend experience es un servicio de compañía en el que la acompañante tiene un comportamiento de novia, esposa, amante o amiga con el cliente. En una interacción personal que no tiene como prioridad principal tener sexo, sino lograr una experiencia más íntima en el sentido personal.

El tiempo de una relación GFE debe ser sin prisas, por lo que se recomienda reservarse un tiempo superior al de una sesión de coito normal.

Una cita de estas características  incluye conversación, comer y beber algo, sin descartar el sutil regalo, besos, caricias, coqueteo, la utilización de lencería o uniformes, un posible uso de juguetes sexuales y las prácticas de un “servicio completo”: felación, cunnilings, coito.

Una GFE da pie al desarrollo de las fantasías y fetichismos más deseados. Quienes la prueban repiten ya que en ellas se consiguen magia y complicidad máximas.